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El quinto Beatle {LIBRE}

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El quinto Beatle {LIBRE}

Mensaje por Ayleen Brown el Miér Ago 24, 2011 1:57 pm

1 de octubre

Era sábado por la noche, excelente noche para salir y despejarse un poco, ya que al otro día no haría más que un baño de crema a su cabello y humectación en el rostro. Así que esa noche podía dejarse llevar, al fin y al cabo ni que acabaría en la cama con alguien de por ahí, como seguramente Caleb sí. Había salido con su hermano por la sola y simple insistencia de ella. El muy tonto había optado por quedarse editando unas fotos que habían ido a sacar a los jardines de la Universidad días atrás. Y, sin embargo, el muy adicto se había dejado llevar por la frase “tomarás tanto que no recordarás la fea música que te están pasando”.

Se había vestido como generalmente hacía en sus salidas nocturnas a los bares de la ciudad: perfecta y llamativa. Elegante, exótica. Con un vestido negro coctel, con escote en forma de corazón. Como si en cualquier momento pudiera toparse con una sesión fotográfica de improvisto. Ojos delineados y sombra negra, para destilar el celeste de sus llamativos ojos. Rubor, poco, pero el justo para lograr el efecto requerido para que sus mejillas se mostraran hundidas. Labios de rojo al natural. Sexy. Además, había combinado indiscretamente con la ropa de su hermano. Black&White. Porque Caleb lucía un maravilloso jean blanco con camisa negra y saco blanco. Corbata de rojo carmesí, desprolijamente atada.
Pero, para su desconcierto, luego de unos shots, ya ni recordaba a dónde rayos estaba su mellizo. Aún así no le importó en lo absoluto y se dejó llevar por su persistencia y elegante sonrisa entre divertida y elegante.
- Bartender, otro a mi favor. Mi hermano te paga luego! – Ya debía de estarse pasando de su propia cuenta, pues ni recodaba el nombre de quien le atendía. Luego de un delicado “gracias” al recibir su toc-toc de tequila, prosiguió a los pasos de “sal-bebida-limón”. Un escalofrío le recorrió por la espalda al sentir la acidez de este último. Rió con diversión y miró a su alrededor.

Que no, la verdad era que no alcanzaba a llegar a un estado con rapidez. Generalmente llegaba a altas horas de la madrugada pudiendo fingir sobriedad. Al menos no perdía su porte en esos tacones de punta redonda y gran plataforma. Plataforma… ¡Kiss!
- I was made for loving you, baby, you were made for loving me – Le cantó a quien estaba a su lado, acompañándose de un sensual y lento movimiento de cabeza. Y rió. Divertida, casi contagiosa risa suya. Entre sonrisas a quién sabe quién, le hizo una seña con la mano al cantinero más cercano: - Tráeme un trago a tu imaginación, por favor. – Por suerte no olvidó esa mirada irresistible, típica en ambos Brown, que compraba hasta a la más mala y fría de las personas - Enséñame de qué estás hecho. – Y, consecuente, le guiñó un pícaro ojo, volviendo a soltar una risita, esta vez más corta que las anteriores.

Le llegó un alargado vaso con un trago que hacía degradé del azul oscuro al verde. Cuatro hielos. Y un limón, como le gustaba a ella. Se sentía coqueta con esa clase de tragos misteriosos. Bien, que misteriosos sólo para ella. Casi le daban ganas de subir a la barra y comenzar a caminar, posando para que su hermano le captara con su cámara. Aunque, claro y por supuesto, éste no la llevaba a lugares así. Y es que Caleb era tan cuidado con sus cosas personales y de preciado valor sentimental…
Siguió moviendo la cabeza en eje a su cuello, rotándola con suavidad sobre él. Dio un moderado sorbo al trago que tenía en sus manos y volvió a posar la vista en quien le había cantado, segundos antes. Pestañeó. Una, dos, tres veces. Y mantuvo los ojos grandes y atentos, con ese atragante azul que llegaba a cegar.
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Re: El quinto Beatle {LIBRE}

Mensaje por Theo D Ainciart el Lun Sep 12, 2011 3:15 pm

Off: Manejo las acciones de Ayleen ya que llevo a los dos personajes.

Bien, que no salía hacía mucho tiempo y necesitaba un suspiro de… De algo que no sabía muy bien qué. Bueno, sí, quizás Theo no tenía un trabajo “digno”, como diría su padre. Quizás no tendría un título o no se le llamaría “carrera” a aquello que tanto le apasionaba hacer para ganarse la vida. Ganarse la vida, de alguna forma, como expresión, porque ganaba tan poco al día que aún tenía que verse en las penas de aceptar lo que su padre le enviaba desde Francia. Y él, él por su parte, apenas si le dirigía la palabra. No le daba las gracias ni nada de eso. Al contrario, de suerte si se limitaba a decirle con puro orgullo que le pagaría en cuanto juntara la deuda que se le acumulaba mes tras mes.

Así que se anduvo solo y a pie de bar en bar, encontrando poco conveniente ante gente y precios, cada vez en peor situación para él. Hasta que llegó a uno al que no le importó nada de aquellas dos cosas anteriores. Sino que, al pasar el umbral de entrada, se chocó con Caleb Brown, quien le notificó de la presencia de su hermana e incluso hasta se la señaló: sentada en un banco alto, junto a la barra.
Theo se limitó a pestañear varias veces desde donde se encontraba. La observó durante unos minutos, contemplando cada una de sus acciones. Sacó la conclusión de que el alcohol ya se le estaba subiendo a la cabeza. Theo rodó los ojos. Pero su siguiente movimiento le causó algo de… ¿Rabia, quizás? La vio acercándose al sujeto que yacía sentado a su lado. Y que era uno de esos… Esos bichos a los que uno no se acerca ni ebrio. Pero que alguien como Ayleen lo hacía.

Fue en aquel momento cuando el rubio francés se acercó a zancadas y la tomó del brazo contrario al hombre de aspecto extraño que ya le estaba empezando a captar la atención. Fue entonces cuando Theo saltó exclamando:
- ¿Eres una niña tonta? Intenta comportarte cuando no estoy cerca.
La chica de grandes ojos azules se quedó algo perpleja ante su enmienda y pestañeó un par de veces antes de exclamar ella también:
- ¡Teddy lindo! – Hizo una pausa en la que Theo alcanzó a rodar los ojos antes de volver a poner la vista sobre su amiga, quien ya comenzaba a hablar de nuevo: - He olvidado mi trago azul en la barra, espérame aquí que… - Pero él la calló con un beso corto.
- Cállate ya. – Se limitó a decir, aunque algo extrañado de sí mismo.

¿Es que así sería su primer beso – y esperaba que no el último – con Ayleen Brown? Bueno, que no el primero. Ya había tenido la oportunidad, en víspera de año nuevo de cuando tenían dieciséis y diecisiete años. La había besado y ella le había devuelto el beso. Y entonces había llegado Caleb para interrumpirles sobre fuegos artificiales y no sabía qué otras cosas que le había dado ganas de metérselas por el culo. Lo peor – según Theo – no había sido la interrupción sino, en realidad, el que nunca hubieran tocado el tema luego. Porque jamás había tenido valor. Nunca había tenido las agallas para cambiar las cosas con su mejor amiga. Porque cambiar no siempre era para mejor. Y eso era lo que más temía.

Al menos ella se andaba ebria. Y Theo sabía que en aquel estado de bobera no le objetaría nada. A cualquiera ya le habría roto la nariz. Pero a él no. Porque era él y ya. Y Theo detestaba pensar en eso. Porque no quería imaginar que, para lo que él era – en palabras cursis – tocar el cielo, para Ayleen no era más que algo así como un beso de hermanos, como aquellos que se dan los personajes de Los Sims como “beso familiar” o una cosa así que no recordaba bien cómo la llamaban allí.
La miró. Andaba tonta. No se la aguantaba mucho cuando se estaba así, no podía ni hablar con ella. Y aunque adoraba oírla hablar, le desesperaba el cambio de tema constante y la poca concentración que alcanzaba a acumular y eliminar totalmente en menos de unos minutos.
- Ven, te compraré un trago… Rojo. Te gusta el rojo, ¿verdad? – Le preguntó con algo de ironía, tomándola de la muñeca y arrastrándola tras él, mientras evitaba oír el murmullo de cosas que ésta decía tras él.
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Re: El quinto Beatle {LIBRE}

Mensaje por Ayleen Brown el Dom Sep 18, 2011 4:12 pm

Theo D’Ainciart era como la salvación ante cualquier situación a la que se enfrentara, incluso si ésta era la de modelar en una pasarela a la altura del público. Porque, si lo recordaba bien, era Theo quien le había dado la idea de salir de la farándula de la pasarela y especializarse al modelaje de fotografía. Además de liarla junto al trabajo de su hermano que, como dos tontos, ninguno de los mellizos Brown había dado en el detalle del trabajo en equipo y la gran cantidad de disposición de tiempo que ganaban de aquel modo.

En cuanto comenzó a expresarle todo lo que había acumulado hasta el momento – puesto que se había andado sola y no había tenido con quién hablar -, su amigo la calló con un rápido y fugaz beso. Se sintió como una niña pequeña a la que le daban su primer beso y que no se animaba a decir nada más, puesto que la cantidad de aparatos y alambres que tenía en la boca no se lo permitían. Sintió el ardor en sus mejillas y lo relacionó exactamente con el siguiente comentario de Theo, en el que el énfasis en la palabra “rojo” se elevó al cien por ciento.

- ¡Eres mi lector de mentes oficial! Había estado pensando justamente eso en el día de hoy. Creo que el rojo me encanta. Pero también el azul. Y el amarillo, por supuesto. Por lo que he llegado a la conclusión de que son los colores primarios los que me atraen. Pero luego recordé en la saga de Harry Potter y… ¿Puedo dejar el verde afuera? Draco Malfoy me mataría y… ¡Aw! ¡Teddy! Se calló cuando sintió que Theo oponía presión alrededor de su muñeca: - ¡Duele, duele!
Sintió el alivio de presión y notó una indiscutible mueca de parte de su amigo. Estaba claro que no lo había hecho a propósito, sino, más bien, por nervios.

Porque Theo no era de los que se expresaban oralmente, sino que demostraban las cosas. O, directamente, se lo guardaba todo para sí mismo. En parte, era algo bueno. Si sentía algo, lo mostraba, sin necesidad de diálogo. Era, algo así como, romántico y dramático. Típico de personaje de libro. Como el héroe de la historia de quien todas las lectoras acaban por enamorarse platónicamente. Aunque también estaban los casos en los que la furia le invadía y se lo acumulaba hasta estallar. Y, cuando estallaba, era peor que no oírle hablar en todo el día.

Al llegar a la barra nuevamente, Theo se sentó sobre uno de los bancos altos y Ayleen se sentó sobre sus piernas, mientras que uno de los brazos de él le rodeaba la cintura. Cuando oyó que su rubio amigo pedía sólo un trago, le miró con sus expresivos ojos bien abiertos:
- ¿Tú no tomas, cariño?
- ¡Oye, espera! – Dijo él, refiriéndose al bartender con quien había hablado hacía rato – Un daiquiri de frutilla para la chica.
Ayleen ni se percató de lo que había intentado de hacer el chico, por lo que apenas si se movió para bailar con suavidad el tema que interpretaba la banda del lugar.
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Re: El quinto Beatle {LIBRE}

Mensaje por Theo D Ainciart el Lun Sep 19, 2011 6:48 pm

Que Ayleen le sacaba, definitivamente elevaba su nivel de quicio al máximo. Eso, a veces. Porque en la gran mayoría de momentos que pasaba con ella – e incluso en los que no – llegaba a pensar sobre ella que era el ser más lindo, tierno y dulce que pisaba la faz de la Tierra. Como un cuadradito de chocolate cubierto de almíbar. Así de empalagosa era Ayleen Brown para Theo. Aunque era, también, algo así como el conjunto de seis nuevas cuerdas de guitarra. En el sentido de que se le hacía agua la boca y, a su vez, le irritaba la idea que debería soportar eso de afinar su guitarra diez veces al día hasta que las cuerdas se acostumbrasen al estiramiento.

Sin darse cuenta, cada vez aumentaba un poco más el nivel de fuerza que estaba ejerciendo alrededor de la muñeca de su nena. Pero es que no lo hacía a propósito. Pasaba que cuando se ponía tonta, se ponía tonta en serio y a Theo se le subían los humos. Porque él no era de la clase de muchachos que le gritarían a una chica para que cerrara la boca de una vez. Quizás en susurro. O ni siquiera. Al menos sólo cuando alguna comenzaba con argumentos sin razón para no quitarse la camiseta y tener algo de sexo con él. ¿Por qué las mujeres tenían que ser tan…? Tan mujeres. Que siempre tenían bien en claro lo que querían y, aún así, buscaban excusas para rehusarse a sí mismas.

Por fin verdaderamente prestó atención a lo que su pequeña acompañante decía y de lo que tanto se quejaba, y aflojó la fuerza que ejercía alrededor de su muñeca, hasta lo mínimo e indispensable para continuar sosteniéndola aún. No le pidió perdón. No lo hizo, debido a que sabía que la muchacha de ojos azules como zafiro, a estas alturas, le daría igual incluso si un mono se le sentaba en el hombro y comenzaba a buscarle bichos en la cabeza. Además, Ayleen había comenzado a parlotear con quién sabía él sobre algo que ni se inmutó a escuchar.

En cuanto llegaron a la barra, Theo notó que, sí, había tres bancas libres para sentarse. Pero no había dos seguidas. Por lo que se las ingenió para que Ayleen no lo notase y se sentase sobre él, como una niña pequeña. Le rodeó la cintura con un brazo. A pesar de que esa noche no la estaba aguantando mucho – ni nada -, aún la quería. La quería, la adoraba, hasta la amaba. Como una amante, como una amiga, como una hermana. Como fuera, lo que fuera.
La gota rebalsó el vaso en el momento en que quiso volver a engañarla para que parase de tomar, así no pasaba de la alegría provocada por el alcohol que llevaba encima a un estado de ebriedad seria y verdaderamente inaguantable. Por lo que le pidió un trago que él sabía que su base era sesenta por ciento hielo. Por lo que sería, algo así, como un batido o licuado de fresa.

Theo se lo pensó unos momentos mientras los tragos que acababa de pedir, llegaban. A lo mejor estaba algo tenso. Quizás era que no esperaba encontrársela de tal manera, parloteándole a un hombre que ni idea tenía sobre quién era. Y, además, que su amiga estaba bien mona, más linda que cualquier otro día. Arreglada, algo provocativa. Que era difícil sacarle los ojos de encima, por el amor a Francia. Que era claro que, además de sus virtudes físicas, como sus claros ojos ineludibles, su forma de ser tan explícita hacía que no lograse pasar desapercibida así como así, a pesar de su baja estatura.
Así que, luego de razonárselo bien, se decidió finalmente y optó por relajarse y pasarse un buen rato. Y, además, quién sabía si no acababa con tan relax y fiesta encima él también…
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